¿Cómo explicar el amor?

En la poesía podemos encontrar magníficas definiciones sobre el amor, pero yo me voy a quedar con la siguiente de Stendhal:

El amor es una maravillosa flor, pero es necesario tener el valor de ir a buscarla al borde de un horrible precipicio.

¿Podría explicar la ciencia ese horrible precipicio que describe Stendhal?

El  hipotálamo es una parte del cerebro del tamaño de una almendra formada por sustancia gris que desempeña funciones como enlazar el sistema nervioso con el endocrino a través de la glándula pituitaria. El hipotálamo genera las principales hormonas relacionadas con el amor, la oxitocina y la vasopresina, y las libera la glándula pituitaria.

La oxitocina y la vasopresina estimulan la creación en el cerebro de dopamina que es un neurotransmisor que genera placer y que también es adictivo, lo que puede explicar la dependencia emocional del amor en las primeras fases de la relación, creando efectos similares al de las drogas.

Según estudios científico en topillos de montaña y pradera (The neurobiology of pair bonding, Larry J Young).

mouse

En los topillos de pradera, que forman parejas estables, la densidad hormonas oxitocina y vasopresina son mucho más elevadas que en los topillos de montaña que tienden a relacionarse con varios topillos. Y lo que es más curioso aún, cuando se bloquea la creación de oxitocina y vasopresina de los topillos de pradera, estos dejan de ser fieles a sus parejas. Estos estudios son interesantes porque dejan ver que existe una relación entre las hormonas y la formación de una pareja estable.

Otros estudios, como el de Arthur Aron, reveló que las personas que se encuentran en esta fase inicial del enamoramiento tienen una intensa actividad en la áreas del cerebro relacionadas con la creación de dopamina.

Para otros tipos de amor como el materno (The neural correlates of maternal and romantic love, Andreas Bartels and Semir Zeki). Las regiones cerebrales que se activan son las mismas que para el amor romántico, todas aquellas con altas concentraciones  de oxitocina y vasopresina. Sin embargo, el amor materno a diferencia del romántico activa determinadas regiones cerebrales tales como la materia gris central o periacueductal. Esto acentúa la singularidad del amor maternal.

Igualmente otros estudios, como el de Robert Malenka, demostró que la oxitocina se estimulaba durante las interacciones sociales con un amigo y que esta actividad neuronal era necesaria para el comportamiento social normal.

¿Pero entonces existe el amor a primera vista?

En el amor a primera vista, según Helen Fisher (antropóloga), es un deseo hacia otra persona creado por la segregación de hormonas sexuales: estrógenos y testosterona. Haciendo que el corazón se acelere, y el cuerpo reaccione con síntomas de nerviosismo: sequedad de boca, temblor… Después de este deseo inicial entraríamos en la fase de atracción/cariño en la que la generación de dopamina es la clave.

¿ Entonces se puede explicar el amor con la ciencia?

En mi opinión todos los estudios que he leído son experimentales, se ven los efectos en el organismo que genera el amor. Pero el causante que se generen todas estas reacciones en nuestro cuerpo, se describe mejor en la poesía, como la siguiente de Pedro Salinas. ¿Cuál es tu opinión?

¿Serás, amor

un largo adiós que no se acaba?

Vivir, desde el principio, es separarse.

En el mismo encuentro

con la luz, con los labios,

el corazón percibe la congoja

de tener que estar ciego y sólo un día.

Amor es el retraso milagroso

de su término mismo:

es prolongar el hecho mágico

de que uno y uno sean dos, en contra

de la primer condena de la vida.

Con los besos,

con la pena y el pecho se conquistan,

en afanosas lides, entre gozos

parecidos a juegos,

días, tierras, espacios fabulosos,

a la gran disyunción que está esperando,

hermana de la muerte o muerte misma.

Cada beso perfecto aparta el tiempo,

le echa hacia atrás, ensancha el mundo breve

donde puede besarse todavía.

Ni en el lugar, ni en el hallazgo

tiene el amor su cima:

es en la resistencia a separarse

en donde se le siente,

desnudo altísimo, temblando.

Y la separación no es el momento

cuando brazos, o voces,

se despiden con señas materiales.

Es de antes, de después.

Si se estrechan las manos, si se abraza,

nunca es para apartarse,

es porque el alma ciegamente siente

que la forma posible de estar juntos

es una despedida larga, clara

y que lo más seguro es el adiós.

 

 

 

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